El legado del liderazgo en seguridad alimentaria: un llamado a seguir avanzando

Hace dieciséis años, el 14 de marzo de 2009, el presidente Barack Obama se dirigió a la nación con un mensaje claro y urgente: la seguridad alimentaria no es sólo una responsabilidad individual: es un deber fundamental del gobierno.
“Somos una nación construida sobre la fuerza de la iniciativa individual”, dijo en su discurso radial. “Pero hay ciertas cosas que no podemos hacer solos. Hay ciertas cosas que solo un gobierno puede hacer. Y una de ellas es garantizar que los alimentos que consumimos y los medicamentos que tomamos sean seguros y no nos causen daño”.
Con ello, su administración emprendió una audaz iniciativa para fortalecer la supervisión de la seguridad alimentaria. La creación del Grupo de Trabajo sobre Seguridad Alimentaria, presidido por los secretarios de Salud y Servicios Humanos y del Departamento de Agricultura de EE. UU., marcó un hito en la coordinación de las agencias federales, la actualización de políticas obsoletas y el fortalecimiento de la aplicación de la ley para proteger mejor a los consumidores estadounidenses.
No se trataba solo de nuevas regulaciones ni de eliminar los grupos asesores existentes. Se trataba de liderazgo, responsabilidad y compromiso con la prevención de enfermedades y la pérdida de vidas. El trabajo posterior condujo a leyes de seguridad alimentaria más estrictas, mejores inspecciones y nuevos estándares para la prevención de enfermedades transmitidas por los alimentos, sentando las bases para la Ley de Modernización de la Seguridad Alimentaria (FSMA), la reforma más radical de la seguridad alimentaria estadounidense en más de 70 años.
Esta no fue la primera vez que una administración hizo de la seguridad alimentaria una prioridad nacional después del trágico brote de E. coli en Jack in the Box en 1993.
- En 1994, la administración Clinton ordenó que se incluyeran etiquetas con instrucciones de manipulación segura en todos los paquetes de carne y aves crudas, declaró que E. coli O157:H7 era un adulterante en la carne y estableció la Norma de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP)/Reducción de Patógenos.
- En 2002, la administración Bush amplió y fortaleció los programas FoodNet y PulseNet de los CDC, que rastrean y detectan brotes de enfermedades transmitidas por alimentos en tiempo real. Un año después, en respuesta a varios brotes mortales de Listeria, el USDA introdujo en 2003 una Política de "Tolerancia Cero" más estricta para la Listeria en Alimentos Listos para el Consumo. Tras brotes y retiradas de productos de gran repercusión mediática, el presidente Bush ordenó a la FDA desarrollar el Plan de Protección Alimentaria de 2007 para abordar las amenazas emergentes a la seguridad alimentaria, centrándose en la prevención, la intervención y la respuesta.
- En 2011, el presidente Obama promulgó la Ley de Modernización de la Inocuidad Alimentaria (FSMA). Un año después, el USDA amplió su política de "tolerancia cero" al declarar seis cepas adicionales de E. coli productora de toxina Shiga (STEC), entre ellas la O26, la O45, la O103, la O111, la O121 y la O145, como adulterantes en la carne cruda de res.
- En 2023, la administración Biden reorganizó la supervisión de la inocuidad alimentaria y creó el Programa de Alimentos para Consumo Humano, centrado en medidas preventivas y políticas de inocuidad alimentaria basadas en el riesgo. El USDA, bajo el liderazgo de Biden, reforzó los estándares de Salmonella en aves de corral. La administración Biden aumentó la financiación del Servicio de Inocuidad e Inspección de Alimentos (FSIS) del USDA y de los programas de inocuidad alimentaria de la FDA, ampliando las inspecciones de alimentos de alto riesgo, priorizando una vigilancia más rigurosa de los alimentos importados y mejorando la detección y respuesta ante brotes.
- En cada ocasión, cuando la salud pública estaba en riesgo, los líderes dieron un paso adelante para proteger a los consumidores.
- Así es el progreso: no reaccionar ante las crisis, sino anticiparlas. No esperar a que se produzcan brotes, sino trabajar de forma proactiva e incansable para prevenirlos.
- El pasado nos ha demostrado que la seguridad alimentaria es un asunto no partidista, una responsabilidad nacional y un deber público. No se trata de lo que una administración haya hecho o de lo que otra haya dejado de hacer, sino del compromiso inquebrantable que todos debemos compartir —en el gobierno, en la industria y como consumidores— para garantizar que los alimentos que llegan a cada mesa sean seguros.
- Hoy, al reflexionar sobre los avances del pasado, la pregunta que se nos plantea no es si la seguridad alimentaria debe seguir siendo una prioridad, sino cómo llevaremos adelante este legado.
- Porque la seguridad alimentaria no es un privilegio. La alimentación segura es un derecho.
- Y protegerlo nunca debería ser opcional.
Fuente: foodsafetynew.com
14 marzo 2025